Capítulo 9: Isis consigue empleo
INT. / MANSIÓN ALTAMIRA, SALA / DÍA
Hay un hombre usando un uniforme de chofer, esperando de pie en la sala de la mansión. La señorita Isis entra.


Isis: (al chofer) ¡Listo, pequeño! Ya nos podemos ir. Estoy lista.
Roberto: (entrando a la sala) ¿Puedo saber a dónde vas? ¿Quién es este hombre?
El chofer: Soy el chofer del señor Alberto de La Fuente. Me encargó venir a recoger a la señorita para llevarla a la sucursal de La Beauté.
Isis: Exactamente, mi querido hermano. Albert es un viejo amigo mío que conocí en España hace un par de años y precisamente ayer me reencontré con él.
Roberto: Nunca me hablaste de ningún amigo. ¿Por qué te envía su chofer para llevarte a La Beauté? ¿En qué andas metida?
Isis: En nada de lo que debas desconfiar. Albert será el hombre que me lleve a la fama y me convierta en una mujer amada y deseada (Mira a la nada y junta las manos sonriendo muy ilusionada).
Roberto: ¿En serio sigues con la misma babosada? ¡Aterriza, Isis! ¡Estás vieja y gorda para andar diciendo ridiculeces!
Isis: (molesta) ¡Qué aguafiestas! Para tu información no son ningunas ridiculeces, pero allá tú. El que ríe de último ríe mejor, como Juan Palomo: yo me lo guiso y yo me lo como (Le pega en la calva rápidamente) ¡Vámonos!
La señorita Isis sale huyendo a toda prisa con el chofer.
Roberto: (furioso) ¡Isis! ¡Vas a ver cuando te agarre!
INT. / VECINDAD, CASA DE DOÑA RAMONA / DÍA
Doña Ramona le sirve el desayuno a Camila, quien está sentada en el comedor, lista para irse a trabajar.


Ramona: Amaneciste de muy buen humor, mija.
Camila: (sonriendo) ¿Tú crees?
Ramona: (sentándose frente a ella) Sí y me da la impresión de que es por ese joven que te acompañó hasta aquí anoche
Camila: ¡Ay, mamá! Definitivamente a ti no se te escapa ninguna (Se ríe).
Ramona: Por algo soy tu madre y te conozco como la palma de mi mano (Le pone mantequilla a una tostada). Te gusta ese muchacho, ¿verdad?
Camila: (esbozando su sonrisa) No te puedo negar que sí. Me la paso muy bien con Damián cada vez que salimos, aparte de que me gusta estar con él, hablar, mirarlo y no sé, pero siento que entre más lo conozco, más empiezo a quererlo.
Ramona: Hija, tú sabes que siempre vas a contar con mi apoyo en todo lo que necesites y voy a estar ahí para aconsejarte.
Camila: (tomándola de las manos) Yo lo sé, mamá.
Ramona: Por eso esta vez no es la excepción. Piensa antes muy bien de relacionarte con un hombre. Date el tiempo de conocerlo bien y no te dejes llevar meramente por lo que veas, porque una cosa es lo que vemos por fuera y otra…
Camila: (completando la frase) Y otra lo que vemos por dentro. Eso también me lo sé y es justo lo que estoy haciendo, ma.
Ramona: Me alegra que no eches en saco roto todo lo que te digo porque es por tu bien. No quiero que vayas a cometer los mismos errores que yo cometí con tu padre.
Camila: Eso no viene al caso recordarlo porque es pasado. Mejor cambiemos de tema. ¿Qué te parece?
Ramona: Tienes razón (Le sonríe) Aún no me has contado qué tanto hicieron en la disco a la que fueron.
Camila: ¡Ja, ja, ja! Sí, es cierto. No te he dicho lo que hizo la Mabel. Fue la estrella de la noche.
Ramona: (curiosa) ¿A poco qué hizo esa muchacha?
Camila: Fíjate que…
Camila empieza a contarle a su mamá.
INT. / CASA ROBLES, BIBLIOTECA / DÍA
María Belén está sacudiendo con un plumero el polvo de los estantes donde están colocados los libros. En eso, se le cae uno y ella se inclina para recogerlo viendo en la portada que es el de “Alicia en El País de Las Maravillas”. María Belén recuerda el momento en que se besó con Nicolás borracha y sonríe levemente sin darse cuenta que él se le acerca en silencio por detrás y le cubre los ojos.


Nicolás: (susurrándole al oído) ¿Ya te había dicho lo linda que te ves cuando sonríes?
María Belén se da la vuelta avergonzada y no es capaz de mirar a Nicolás a los ojos.
María Belén: Gracias por el cumplido, Nico (Sonríe levemente y pone el libro sobre el estante) Eh… Yo… (Nerviosa) Quiero pedirte disculpas.
Nicolás: (extrañado) ¿Disculpas por qué?
María Belén: Por lo que haya podido hacer anoche. Ya ves que estaba borracha y ni siquiera sabía lo que hacía.
Nicolás: (la toma delicadamente del mentón) Entonces, ¿cuando me dijiste que me querías también era producto de la borrachera?
María Belén se sorprende con la pregunta y no sabe qué responder.
María Belén: (apartándose nerviosa de él) Eh… Lo dije en otro sentido. Quería decirte que te aprecio como un buen amigo. Solo eso.
Nicolás: María Belén… (Mirándola con los ojos enamorados) Yo también te quiero, pero lo que yo siento por ti va más allá de que seamos amigos.
María Belén: (muy incómoda) ¡Ay, Nicolás! Yo…
Nicolás: Discúlpame si te estoy importunando diciéndote esto, pero ya no tiene caso que siga haciendo como si nada. Yo estoy enamorado de ti (Se acerca a ella) Te quiero.
María Belén: (sonrojada) ¿Y cómo es que te puede gustar precisamente una coja maleducada como yo cuando hay retehartas chicas más bonitas?
Nicolás: Porque a mí no me importan las otras chicas. Yo te quiero a ti y para mí eres hermosa, fuera de que estés coja.
María Belén: Es que… (Se detiene sin saber qué decir).
Nicolás: Dime algo. ¿De verdad me ves sólo como un amigo?
María Belén: Yo estoy muy confundida ahora, Nicolás. No sé qué pensar. Esto de que un chavo se me declarara no me había pasado antes.
Nicolás: Sólo abre el corazón y dime qué sientes tú por mí.
María Belén: ¡Es que no sé! Es mejor que dejemos aquí y hablemos luego. ¿Sí? Perdona…
María Belén va a salir de la biblioteca, pero Nicolás la detiene tomándola de un brazo. Los dos se miran a los ojos durante un breve momento. María Belén se siente muy nerviosa y más cuando Nicolás toma el rostro de ella entre sus manos y se acerca para besarla. María Belén cierra los ojos y poco a poco va correspondiéndole. Ninguno se da cuenta que están siendo espiados por Piedad por la puerta entre abierta de la biblioteca. Piedad abre los ojos como platos al verlos besarse y los mira fulminantemente. La malvada joven se retira furiosa y se encierra en el despacho.

Piedad: ¡Desgraciada, mustia! (Tira furiosa todos los objetos del escritorio) ¡Lo sabía! Podrá estar coja, pero de estúpida no tiene un pelo. Me quiere tomar ventaja, pero no se lo voy a permitir. ¡Voy a acabar con ella!
Entretanto, en la biblioteca, María Belén se desprende del beso y se lleva una mano a los labios muy consternada. La joven sale corriendo dejando a Nicolás resignado.
INT. / SUCURSAL DE BEAUTÉ, ESTUDIOS / DÍA
La señorita Isis está en plena grabación del comercial para el que Alberto la ha contratado. Los camarógrafos están en posición para comenzar a grabar e Isis luce muy bien peinada y maquillada en el foro de grabación.


Alberto: ¡Acción!
Los camarógrafos empiezan a grabar. Isis empieza su actuación caminando muy sensualmente hacia una mesa al tiempo que se aplica un perfume en espray, sin embargo, por accidente se choca con otra mesa y deja caer una botella de agua que se derrama sobre un cable conectado al tomacorriente. Inmediatamente, el tomacorriente se incendia y se hace una llama bastante grande.
Isis: ¡Joder! ¿Qué he hecho? (Asustada).
De repente, el tomacorriente explota y las personas del equipo de producción salen corriendo del set de grabación despavoridas y gritando al ver que todo se está incendiando. La alarma empieza a sonar y el detector de humo ubicado en el techo empieza a lanzar pequeños chorros de agua. Todo se ha vuelto un caos y vemos a Isis corriendo en cámara lenta entre la gente que trata de escapar por la ruta de evacuación de la empresa.
Isis: (con voz gruesa y distorsionada) ¡Apártense!
UNA HORA DESPUÉS
INT. / SUCURSAL DE BEAUTÉ, OFICINA DE RODOLFO / DÍA
Dentro de la oficina de Rodolfo, están éste, Alberto e Isis de pie.



Rodolfo: (furioso) ¿Cómo se te ocurre traer viejas retrasadas a grabar comerciales, Alberto? ¿En qué estabas pensando?
Isis: (ofendida) ¡Retrasada tu madre, viejo cara de pepa!
Rodolfo: (molesto) ¿Qué?
Alberto: (nervioso) Isis, cálmate. Déjamelo a mí. Rodolfo, lo que pasó fue un accidente y…
Rodolfo: (a Alberto) Me importa poco si fue un accidente. ¿Te das cuenta lo que hubiera podido pasar si el incendio se propaga por toda la empresa? ¡Habríamos tenido pérdidas millonarias!
Alberto: Lo sé y te pido disculpas. Te prometo que Isis no va a seguir siendo un problema ni mucho menos va a volver a causar otro estrago como el de hoy.
Rodolfo: Más te vale o a la próxima vez tú serás el perjudicado por irresponsable. ¡Ahora salgan de mi oficina!
Rodolfo se sienta en su sillón y Alberto junto con Isis salen de la oficina.
Alberto: (molesto) Isis, lo siento, pero lo que pasó no puede volver a suceder. Tengo que correrte. Eres muy peligrosa en el set.
Isis: ¿Qué? Tú no puedes echarme así como así, Albert. ¿No se supone que necesitas una modelo urgente para el comercial?
Alberto: Claro que la necesito, pero esa no puedes ser tú. No tienes la madera para eso. De veras, lo siento (Se va).
Isis: (deteniéndole) ¡Espera! Por favor piénsalo mejor. Esta es una oportunidad que no se me va a volver a presentar. Dame la oportunidad de hacer mejor el comercial y demostraste que sí soy capaz, por favor (Llorando desesperada).
Alberto: (indeciso) Isis, no me insistas. No lo hagas más difícil.
De repente, Isis se tira al suelo y se aferra al pie de Alberto llorando desgarrada y desesperada. La gente de alrededor empieza a mirar.
Isis: ¡Por favor, Albert! ¡No seas tan cruel con esta pobre mujer que sólo te ruega una segunda oportunidad!
Alberto: (incómodo y avergonzado) Levántate Isis. Deja el show.
Isis: ¡No hasta que me digas que no me vas a despedir! ¡Te lo suplico! Mírame. Estoy embarazada y no tengo que comer. Mendigo en las calles un poco de dinero y ahora que me das trabajo, me lo quitas.
Alberto: (molesto) ¡Ya basta! ¿De qué demonios estás hablando? ¡Levántate!
Isis: (aferrándose más al pie) ¡No! ¡Necesito este trabajo! ¡No seas tan cruel, tío! ¡Ten piedad! (Grita desgarrada y con show exagerado) ¡Piedad, por el amor de Cristo! ¡Piedad!
Alberto: ¡Está bien, está bien! ¡No te voy a despedir, pero levántate ya!
Inmediatamente cuando Isis escucha esas palabras, sonríe y deja de llorar para luego levantarse y abrazar fuertemente a Alberto.
Isis: (feliz) ¡Muchísimas gracias, mi Albert! ¡Te juro que no te vas a arrepentir!
Alberto: (faltándole el aire) Ok, pero suéltame. Me estás apretando.
Isis: (dejando de abrazarlo) ¡Ay, perdóname! Pero es que me dejé llevar de la emoción. Ahora sí podemos seguir grabando, que no hay tiempo que perder.
Isis toma de una mano a Alberto y se lo lleva corriendo para el set de grabación.
INT. / MANSIÓN ALTAMIRA, CUARTO DE DON ROBERTO / HORAS DESPUÉS
Camila está dándole un vaso de agua a don Roberto con una pastilla. Éste reposa en la cama y se ve algo débil.


Roberto: Gracias, Camila (Se mete la pastilla en la boca y luego bebe un poco de agua).
Camila: Es mejor que se quede aquí en su cuarto reposando, don Roberto, para que recupere fuerzas.
Roberto: Hoy no amanecí muy bien que digamos. A lo mejor no me queda mucho tiempo (Dice fatigado).
Camila: ¿Por qué mejor no se interna en un hospital? Eso le haría bien a su salud porque estaría mejor medicado y controlado.
Roberto: No. Un hospital es lo que menos quiero en este momento. Lo que necesito es encontrar a mi hija en cuanto antes, Camila.
Camila: ¡Ay, don Roberto! (Suspira) De todos modos piénselo. ¿Sí? Yo ya me voy para mi casa (Le sonríe).
Don Roberto: Está bien, mija. Hasta mañana. Cuídate.
Camila: Usted también. Hasta mañana.
Camila sale del cuarto del anciano y mientras camina por el pasillo, se encuentra con Damián.

Damián: (sonriendo al verla) Hola, Cami.
Camila: Hola, Damián (También le sonríe a él) ¿En dónde te habías metido que no te vi en todo el día?
Damián: Estuve haciendo un par de diligencias sobre mis estudios universitarios.
Camila: (extrañada) ¿Qué diligencia? Si me puedes decir, claro.
Damián: Es que dentro de un mes comienzo nuevo semestre en la universidad y…
Camila: Tienes que volver a España. Ya me habías dicho algo de eso (Desencaja un poco el rostro).
Damián: Precisamente las diligencias que estuve haciendo son por si tengo la posibilidad de continuar estudiando aquí en México.
Camila: (volviendo a sonreír) ¿En serio? ¡Oye! Eso sería genial. Así no tendrías que viajar hasta tan lejos.
Damián: Exacto. En eso pensé, aparte de que este es mi país y me siento muy bien aquí. No me gustaría irme cuando he conocido personas tan buena onda como tú.
Camila se sorprende cuando oye a Damián y le evade la mirada.
Damián: ¿Y ya te vas para tu casa?
Camila: Eh, sí. Ya me voy, aunque un poquito triste por la situación de don Roberto. Hoy no ha estado muy bien de salud y él sólo piensa en encontrar a su hija.
Damián: ¿Cómo que encontrar a su hija? No conocía esa historia.
Camila: ¿Tu madrina no te la ha contado?
Damián: (negando con la cabeza) No, pero si me aceptas una invitación a comer helado, me la puedes contar. ¿Qué me dices?
Camila: ¡Ay, Damián! No sé (Indecisa). Es que me da pena contigo.
Damián: Ya te dije que yo invito, no te tienes por qué apenar. Vamos (Le sonríe).
Camila: Está bien. Te acepto la invitación.
Los dos se sonríen entre sí.
INT. / CASA ROBLES, / NOCHE
Tocan el timbre. Dorotea abre la puerta y entra Rodolfo al mismo tiempo en que Piedad baja por las escaleras usando un vestido corto y un collar que era de Lucrecia.


Piedad: ¡Rodolfo! ¡Llegas justo a tiempo! Dorotea, tú retírate y sigue sirviendo la cena.
Dorotea: (mirando mal a Piedad) Claro que sí. Con permiso (Se va a la cocina).
Rodolfo: ¿Estás loca? No me puedes hablar con esa confianza delante de la sirvienta. ¿Y cómo que cena? ¿Qué está pasando?
Piedad: Nada de lo que debas preocuparte (Lo besa en los labios). Sólo organicé una cena especial para dar un anuncio. Ya verás. Deja el maletín por ahí y vamos a la mesa.
Rodolfo extrañado, pone su maletín en una mesita de al lado y se deja llevar de Piedad. Los dos se dirigen al comedor, en donde entretanto, se encuentran sentados Amarguras y Nicolás. María Belén le sirve vino en una copa a Amarguras y le riega un poco en el vestido a propósito.



Amarguras (alarmada): ¡Ay, mi vestido!
María Belén: (fingiendo pena) ¡Por Dios! ¡Qué mensa! Fue sin intención, madrina. Discúlpeme.
Amarguras: ¡Qué disculpas ni qué nada! ¿Cómo es que le pueden permitir a una coja como tú andar trabajando de sirvienta? ¡Mira nomás! (Toma una servilleta y empieza a limpiarse).
Nicolás: (molesto) Oiga, señora. Guarde respeto. Le recuerdo que está en mi casa.
Amarguras: Lo siento muchísimo, joven, pero no debería llamarme la atención a mí, sino a sus empleados (Mira con desprecio a María Belén). Mire lo que hizo esta muchacha por andar de despistada.
Nicolás: Usted misma lo acaba de decir. Es a mí a quien le corresponde llamarle la atención a María Belén, no a usted que por cierto no entiendo qué hace aquí.
Amarguras: Mi hija Piedad me invitó a cenar. ¿No lo sabe? Ella y el licenciado Robles van a dar un anuncio importante y requerían de mi importante presencia (Dándose aires de diva).
Nicolás roda los ojos al escuchar a Amarguras. En ese momento, Piedad y Rodolfo entran al comedor. La primera sonríe. Nicolás nota que lleva puesto un collar de su madre y se desconcierta.


Piedad: Buenas noches.
Amarguras: Hola, hija. Estábamos esperando con ansias a que llegaras. A mí y al hijo del licenciado se nos cuecen las habas por saber qué anuncio nos vas a dar
Rodolfo: (desconcertado) ¿Anuncio? ¿Qué anuncio?
Piedad: De hecho, más que un anuncio también es una sorpresa hasta para el licenciado y decidí preparar esta cena para reunirnos y decirles orgullosamente que…
Piedad toma de una mano a Rodolfo y sonríe con desmedida hipocresía.
Piedad: Rodolfo y yo somos novios.
Amarguras no se da a la espera y empieza a aplaudirles a Piedad y a Rodolfo. Nicolás no puede creer lo que acaba de escuchar y María Belén sólo los mira muy indignada. Rodolfo está sorprendido.
Amarguras: (aplaudiendo) ¡Felicidades a los dos! ¡Cuánta alegría me da! (Se para de su silla y va a abrazarlos) Dios mío. Estoy tan feliz. ¡Voy a llorar!
Piedad: Gracias, mami. Yo también estoy muy feliz. Ya era justo que tú y Nicolás supieran la relación que nos une a Rodolfo y a mí. ¿No lo crees, mi amor? (Le pregunta a Rodolfo).
Rodolfo: (asintiendo confundido) Sí, así es.
Piedad: ¿Tú no vas a felicitar a tu padre, Nicolás?
Nicolás se levanta de su silla y mira fulminante a Piedad y luego a Rodolfo, para después salir del comedor bastante molesto. María Belén va tras él.
Amarguras: Parece que a su hijo no le sentó muy bien la noticia, licenciado.
Rodolfo: A mí tampoco. ¿Qué significa todo este show de quinta? Explícame ahora mismo, Piedad.
Nicolás sube hasta la terraza de la casa donde se puede sentir el viento de la noche. Se recuesta en el barandal y mira al cielo. María Belén se le acerca y se hace a su lado.
Nicolás: Es increíble (Sonríe irónico). Mi mamá murió hace poco más de un mes y mi papá ya anda enredado con su secretaria, y todavía tienen el descaro de anunciarlo como si fuera la gran cosa.
María Belén: Yo me enteré esta mañana por Dorotea. Ella supuso que a lo mejor ya estaban juntos desde antes que muriera la señora.
Nicolás: Cada día soporto menos vivir aquí. Todo me parece tan… Tan podrido. Quisiera irme lejos, alejarme de todo e iniciar de nuevo (Mira a María Belén). Iniciar contigo (La toma de la mano).
María Belén: ¿De veras estarías dispuesto a iniciar de nuevo conmigo?
Nicolás: Claro que sí. ¿Lo dudas?
María Belén: No es eso. Es que… Todavía sigo sin entender cómo te puedo gustar justo yo.
Nicolás: Ya te lo expliqué esta tarde. Yo te quiero solo a ti, María Belén. Tú eres la única muchacha que amo y desde que te conozco, me hiciste sentir de otro modo.
María Belén se emociona al escuchar esas palabras y se estremece cuando Nicolás la abraza. Ella le corresponde el abrazo y sonríe sintiéndose protegida y en bienestar al lado de Nicolás.
María Belén: Yo también te amo, Nico. Te amo mucho.
Los dos se quedan abrazados un largo rato hasta que Nicolás se desprende del abrazo.
Nicolás: ¿Quieres ser mi novia, María Belén?
María Belén: (sorprendida) ¿Yo? ¿Tu novia?
Nicolás: (sarcástico) ¡Sí, tú! Ni modo que Dorotea.
María Belén: Ja, ja, ja. ¡Bobo! (Le pega levemente en el brazo) La mera verdad no sé qué responderte. Ya te dije que yo nunca antes había tenido novio.
Nicolás: ¿Y cuál es el problema? ¿Todavía te sientes insegura?
María Belén: Sí, pero más que eso me da miedo porque lo que siento por ti es algo muy bonito y fuerte y me da miedo que se acabe en cualquier momento o me haga daño.
Nicolás: (tomándola del rostro) El amor no hace daño y si de verdad nos queremos, no tenemos por qué herirnos el uno al otro. ¿Qué me dices? ¿Aceptas ser mi novia?
María Belén: Sí, Nicolás. Quiero ser tu novia (Le sonríe).
Nicolás vuelve a abrazar a María Belén fuertemente y la besa en la frente. Los dos se quedan mirando las estrellas del cielo.
INT. / CASA ROBLES / NOCHE
Piedad está despidiéndose de Amarguras. Rodolfo también está presente.



Amarguras: Bueno, ya llegó mi taxi, Piedad. Me voy, pero antes los quiero volver a felicitar por este noviazgo. ¡Hacen una pareja espectacular!
Rodolfo: Déjese de cursilerías, doña Amarguras. Piedad y yo no tenemos nada. Sigo sin entender por qué dio ese estúpido anuncio delante de Nicolás.
Piedad: Eso lo hablaremos luego, Rodolfo.
El taxista hace sonar la bocina indicando que ya está cansado de esperar a Amarguras.
Amarguras: Ahora sí me voy. ¡Ejem! ¿Será posible que me pueda prestar algo de lana, licenciado, para pagar el taxi? Ya ve usted que no tengo ni un centavo con qué limpiarme.
Piedad: (molesta) ¡Mamá! No seas tan desagradable ¡Qué asco!
Amarguras: Lo siento, hija. Es que estoy nerviosa y no tengo con qué pagarle al taxista.
Rodolfo: ¡Está bien! (Se saca la billetera del bolsillo de la mala y le entrega un par de billetes a Amarguras) Ahí tiene.
Amarguras: ¡Es usted tan bueno, licenciado! ¡Le agradezco inmensamente! Yo le prometo que…
Rodolfo: (la interrumpe) ¡Sí, sí! Es con mucho gusto, pero ya es muy tarde y es mejor que se vaya. ¡Buena noche! (La saca casi que obligada de su casa y le cierra la puerta).
INT. / CASA ROBLES, CUARTO DE RODOLFO / MINUTOS DESPUÉS
Rodolfo y Piedad entran juntos al cuarto del primero.


Rodolfo: (tomando a Piedad del brazo) Ahora sí quiero que me expliques por qué anunciaste semejante estupidez.
Piedad: ¡Oye, suéltame! (Se suelta) No es necesario que te comportes así, Rodolfo. Cálmate
Rodolfo: (exasperado) ¡Muy bien! Entonces, dime. ¿Qué ganabas diciendo que tenemos algo delante de Nicolás? Porque a tu mamá no le hacía falta saberlo.
Piedad: Lo hice por la coja desgraciada de María Belén (Le da la espalda a Rodolfo y frunce el ceño).
Rodolfo (sorprendido): ¿Por María Belén? ¿Qué tiene que ver ella en todo esto?
Piedad: (volviendo a darle la cara a Rodolfo) ¡Odio a esa imbécil! Tenía que oficializar mi relación contigo para poder obtener el derecho de imponerme en esta casa.
Rodolfo: ¿Estás loca? Recién murió Lucrecia. ¡Yo no quiero casarme contigo ni con nadie, ni oficializar absolutamente nada!
Piedad: Yo tampoco quiero casarme contigo (Miente). Lo nuestro sólo se trata de una relación clandestina (Toma la corbata de Rodolfo mostrándose provocativa), pero como te acabo de decir, era necesario que diéramos la noticia para que me vean como la futura señora de Robles.
Rodolfo: Sigo sin entender para qué montaste toda esta farsa sólo por una sirvienta como María Belén.
Piedad: Ya te lo dije. La odio, la detesto. Ella y yo no podemos vernos todos los días y, para colmo, trabajando en la misma casa. Quiero tener la oportunidad de echarla a la calle y verla humillada, lejos de mí, además, así voy a salvar a mi mamá de una deuda.
Rodolfo: (alejándose de Piedad) Conmigo no cuentes para esa rivalidad estúpida de mujeres. No me importa.
Piedad: (seria) ¿No te importa? ¿O será que te gusta la coja esa?
Rodolfo: Solo a ti se te puede ocurrir una burrada como esa. ¿Cómo me puede gustar? ¡Es casi una niña! (Miente).
Piedad: ¿Y eso es impedimento para ti? ¡Mírame! Yo no paso de los treinta y no fue tan difícil seducirte (Se acerca y lo besa).
Rodolfo: Es muy diferente (Piensa en María Belén).
Piedad: Sea o no diferente, el punto es que no tienes que mover ni un dedo para ayudarme en lo que tengo planeado. Lo único que harás será seguirme el juego, sólo eso (Le sonríe pícara y vuelve a besarlo).
Rodolfo: ¿Qué piensas hacer?
Piedad: Ya lo verás. Ahora ocupémonos de nosotros y no perdamos el tiempo.
Piedad arroja a Rodolfo a la cama y se sube encima de él. Rodolfo empieza a mirar lascivamente como Piedad empieza a bajarse el vestido en frente de él.
CONTINUARÁ...
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